18 de diciembre de 2014

Periodismo de dos velocidades

journalism-1Hace ya bastante tiempo, después de vencer algunas resistencias iniciales, que comprendimos que las redes sociales estaban revolucionando para siempre el mundo de la comunicación. Y, sin saber muy bien adónde llevaba, decidimos subirnos a la ola de inmediato. Hoy en día, el trabajo de GUK ya no se puede entender sin el plus que ofrecen las redes sociales a nuestro día a día y sin el valor que aportan a nuestros clientes.

Sin embargo, en nuestra relación diaria con muchos periodistas y profesionales de la comunicación, nos damos cuenta de que, mientras algunos han integrado ya las redes sociales en su actividad con total normalidad, otros las ignoran o las rechazan explícitamente como si “esas mandangas de adolescentes” no fueran con ellos. Se han quedado anclados en el periodismo del siglo pasado, manteniendo como únicas herramientas de trabajo el teléfono, los buscadores de Internet y el correo electrónico (algunos a duras penas están superando aún la era del fax).

Y esta situación, tristemente, ha instaurado un periodismo de dos velocidades. Unos que, al margen de que hagan peor o mejor periodismo, aprovechan todas las herramientas que la tecnología pone a su disposición. Y otros, que, pudiendo ser periodistas brillantes (o pésimos), renuncian de salida a fantásticos avances para la profesión. Es como viajar en AVE frente a seguir en el carro de bueyes. Y, aunque suene un poco crudo, en GUK pensamos que difícilmente se puede ser ya un buen periodista si uno no se interesa por incorporar todas aquellas herramientas que ayudan a hacer mejor su trabajo.

Las propias redes sociales son perfectamente conscientes del abanico de posibilidades que sus herramientas ofrecen para los periodistas. Por eso, algunas de ellas, como Facebook o Twitter han puesto recientemente en marcha plataformas específicas para profesionales de la comunicación. Ahora, es responsabilidad de cada uno de nosotros que las aprovechemos o no.

No es cuestión de obligar a nadie a dar el salto (sin red) a las redes sociales. Pero el que no se lance debe ser consciente de que está perdiendo una formidable oportunidad de hacer mejor su trabajo. Y, de paso, por qué no decirlo, de pasarlo bomba.

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