El espacio y el tiempo –en ambos casos muy limitado- han y siguen siendo dos de los grandes campos de batalla de la profesión periodística tradicionalmente. Cómo incluir en una crónica de 35” una determinada información, cómo sintetizar en un video de 40” un reportaje de interés informativo… o cómo reducir a 3.000 caracteres una entrevista de alrededor de una hora con un interlocutor interesante.
Cuando sigue aumentando la preocupación sobre la dinámica de los medios audiovisuales a reducir la información a ‘cápsulas’ diminutas que no permiten profundizar en la realidad de los hechos, ahora resulta que vamos a constreñir nuestro ímpetu informativo a las ‘nano-cápsulas’ informativas… de 140 caracteres, no sujetas a criterios de selección, valoración, filtrado, contraste, etc. Información directa, rápida, eficaz… dejemos para otro siglo si es veraz, creíble, rigurosa…
‘Solo sabemos que no sabemos nada’ –¡mira que tener que recurrir continuamente al filósofo griego, Sócrates, que tuvo esta ocurrencia hace alrededor de 2.400 años!- La profesión periodista está ‘tocada’, inquieta, sumida en la incertidumbre, un tanto zarandeada… Esto va muy deprisa, a una velocidad frenética, y todo el mundo nos dice que se acabó lo que se daba, que la sociedad –mira por donde- ha cambiado y va a cambiar más y más de prisa, y que ese gran cambio de modos de concebir la vida y las relaciones humanas, se va a llevar consigo grandes tótems que creíamos infranqueables –algo así como las torres Gemelas de NY-, entre otros las plataformas y/o medios de comunicación convencionales, prensa, radio y televisión.
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