
CIC bioGUNE cumple su quinto aniversario. 5 cortos o largos años –según se vea- sentando los cimientos de un nuevo centro de investigación en biociencias que quiere conseguir atraer la atención de la comunidad científica internacional hacia el País Vasco, un entorno nunca identificado por la producción científica de calidad al menos en términos colectivos, para muchos hasta ayer un ‘páramo’ en estas lides. La capacidad industrial de Euskadi, el impulso de sus centros tecnológicos, en términos de generación y transferencia de conocimiento, y su potencial económico estaba y está fuera de toda duda en el panorama colectivo nacional e internacional. Lo que estaba en solfa era la capacidad de ser alguien también en el complejo mundo de la ciencia en sus más variadas disciplinas.
Y parece que empieza a ser, a sonar bien la música. Igual no somos objetivos porque le dedicamos muchas horas a esto y en concreto –además de a otros- a CIC bioGUNE, pero cuando uno visita sus instalaciones, sus equipamientos científicos, conoce a los investigadores y observa sus trabajos -desde la difícil comprensión de la materia que abordan- no puede sino concluir que esto tiene muy buena pinta. El centro no es una promesa, es una realidad, con una proyección de futuro más que interesante; y si no, al tiempo.
Alguien, con nombres y apellidos –la historia se encargará de agradecérselo-, tuvo una visión y la convirtió en apuesta de futuro para este país, que denominó BioBasque. Hoy los ‘gunes’ forman parte del paisaje de la aportación científica vasca al mundo, en biociencias, biomateriales, micro y nano tecnologías, etc., además de la producción científica nunca suficientemente reconocida de la universidad.






