Sí que tenía que estar descontrolado el mundo de la información en la Red para cuando hay quien decide volver a colocar al periodista al mando de la nave. Mashable informa hoy de que el gigante del software para Relaciones Públicas Vocus ha adquirido el servicio Help a Reporter Out (HARO) con el objetivo de “trasladar de nuevo al periodista el control del ciclo de Relaciones Públicas”.
Ahí es nada. Al periodista. Ese sujeto inútil y arcaico al que las nuevas tecnologías habían superado y habían asignado el papel de un troglodita en Manhattan. Resulta que, cuando se trata de generar contenido de calidad, volvemos a recurrir al viejo y trasnochado periodista. Quizá, después de todo, resulta que sus habilidades para ejercer de filtro, contrastar las fuentes y ofrecer información veraz son universales y pueden adaptarse a cualquier soporte, desde el rancio papel a las últimas aplicaciones del iPad.
Puede que estemos asistiendo al inicio del Consulado que cierre la etapa de la revolución del periodismo ciudadano. O al menos a esa concepción según la cual cualquiera puede ser periodista y ejercer el periodismo. Ya hemos comentado aquí alguna vez que eso de que cualquier persona pueda transmitir información y llegar al gran público de forma directa es una posibilidad fantástica y toda una revolución en la profesión. Eso sí, sin confundir internauta con periodista, blog con medio de comunicación y chismorreo con noticia. Cuando se trata de que el barco llegue a buen puerto, hay que poner al periodista al timón.


Creo que nunca se ha dicho que los periodistas estén acabados con la llegada de las nuevas tecnologías, sino que es el modelo de negocio de los periódicos lo que esta muerto, eso no lo resucita nadie.
Que el actual modelo de negocio de la prensa escrita está agotado está fuera de toda duda. Otra cosa es que esa crónica de una muerte anunciada que algunos llevan años ya escribiendo sea prbablemente una agonía muchísimo más larga de lo que se pronosticaba. Pero es cierto que los periódicos, o espabilan y se adaptan a los tiempos, o corren el riesgo de verse relegados a piezas de museo. Otro interesante debate sería cómo lograr esa actualización con un modelo que económicamente sea viable.
Dicho esto, en lo que discrepo contigo, Maren, es en tu afirmación de que nunca se ha dicho que los periodistas estén acabados. En mi opinión, en muchos ámbitos (no todos, por supuesto) se ha cuestionado la vigencia de la profesión periodística como si fuera aparejada a un producto caduco y obsoleto. Y se apostaba por otras fórmulas, como el periodismo ciudadano o las redes sociales, como alternativa para aplacar la sed de información de los internautas. Una idea basada, en mi opinión, en el desconocimiento absoluto del periodismo y en la crítica fácil a una profesión que vive horas bajas. No digo que se haya dado a los periodistas por muertos de forma generalizada. Pero sí se les ha intentado herir de muerte. Y eso, en una profesión tan poco corporativista como ésta, creo que exige reivindicar el periodismo y salir en su defensa.